Musicoterapia y alzhéimer

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La música como instrumento terapéutico

En los últimos años se ha experimentado un considerable aumento de investigaciones relacionadas con el impacto de la música en diferentes tipos de terapias, así como en la diversidad de perfiles a los que se aplica la música como instrumento terapéutico. Desde trastornos de ansiedad y del estado de ánimo, hasta psicosis, pasando por enfermedades neurodegenerativas como demencias y alzhéimer. Esta diversidad en el uso de la musicoterapia refleja el impacto sobre diferentes procesos cognitivos, emocionales, perceptivos, conductuales y sociales y su poder terapéutico sobre estos.

El concepto de música

 La palabra ‘música’ proviene del griego µουσική (τέχνη) – musiké (téchne), cuya traducción literal es ‘el arte de las musas’, y se describe como una manifestación artística capaz de producir un impacto en la conducta humana, individual o colectiva, y de expresar sentimientos, circunstancias, pensamientos o ideas. Podemos encontrar datos del uso de la música como terapia incluso desde la época de la prehistoria, en todas las culturas antiguas conocidas, en las que la música se consideraba obra de un ser sobrenatural (y, por tanto, su carácter mágico-espiritual era necesario para combatir la enfermedad, aceptada por estas culturas como el fruto de la magia y la ira de los dioses). (García-Casares, N., et. al.). (2017).

 Estudios sobre Musicoterapia y Alzheimer

 La música puede ser usada como un disparador de recuerdos de la memoria autobiográfica, así como evocar respuestas emocionales, que a su vez facilitan la activación de recuerdos autobiográficos con un significado emocional similar, especialmente con recuerdos antiguos que datan de muchos años atrás. Previamente, debemos recordar que existen memorias autobiográficas voluntarias e involuntarias. Las memorias voluntarias se obtienen por instrucciones directas o por indicaciones para ser recordadas, y son las que se encuentran severamente comprometidas en la enfermedad de Alzheimer, mientras que las memorias involuntarias son recuerdos espontáneos de episodios personales, que son desencadenados por una clave perceptual, como podría ser una melodía, siendo más específicas y de recuperación inmediata debido a su carga emocional, y es el tipo de memoria a la que en la actualidad se le llama memoria autobiográfica evocada por la música (MEAM- Music-evoked autobiographical memories por sus siglas en inglés).

Se ha sugerido que la música puede ser un buen método para el tratamiento de conductas disruptivas (Brigtht, 1986; Ryden y Feldt, 1993; Weinrih et al, 1995), y los pocos estudios que existen focalizan el efecto de la intervención musical en la disminución de la conducta agitada. Courtrigt et. al. (1990) mostraron efectos positivos en agitación y agresión usando música relajante en ingresados con demencia. Hay informes, como el de Gardner y Swanson (1993), en que la música consigue reducir las conductas agresivas en las personas con Alzheimer. Usando el Cohen-Mansfield Agitation Inventory, se nota que la música es eficaz en la agitación, aunque su eficacia varía de unos individuos a otros (Gerdner y Swanson, 1993), lo que sugiere la necesidad de individualizar la música y el modo de aplicación. Clair y Bernstein (1994) señalan que unas variables importantes son el tamaño del grupo, la preferencia musical y la posibilidad de adaptarse a las actividades estructurales de música. Se ha visto eficacia en otros síntomas y se ha utilizado una gran variedad de técnicas de intervención. (Clair AA, Bernstein B.A) (1990).

Hay varios estudios que han mostrado que la musicoterapia mejora y mantiene la conducta social y las facultades cognitivas de los enfermos de Alzheimer (Clair y Bernstein, 1990; Johnson et al, 1992; Newman y Ward, 1993), pero destaca que la utilización de la música preferida cuando los enfermos eran adultos jóvenes se ha mostrado eficaz en estos pacientes. El recuerdo del pasado personal fue un hecho significativo al comparar los enfermos tratados con esta música significativa con sujetos que no fueron tratados con música (Lord y Gardner, 1993). Hay muchas referencias sobre la capacidad de enfermos de Alzheimer de cantar canciones antiguas, a pesar de la amnesia y afasia (Braben, 1992), y bailar viejas canciones, lo que sugiere que la música puede ser un canal de comunicación para reminiscencias y para reavivar la vida (Geula, 1986; McCloskey, 1990). Sin embargo, son incapaces de identificar los compositores y títulos de la obra (Beatty et al, 1988; Crystal et al, 1989), posibilidad debida a que la ejecución representa una ‘tarea sobreaprendida o automatizada’ (Marin, 1982).

La música como tratamiento

El tratamiento de las demencias se compone (preferentemente) de la combinación de la terapia farmacológica y diversas terapias no farmacológicas. La musicoterapia, así como la estimulación cognitiva, es una de las terapias no farmacológicas más utilizadas. Busca la mejora de la calidad de vida de las personas con demencia mediante la estimulación de capacidades psicomotoras, perceptivo-cognitivas, de comunicación y socioemocionales. La práctica de la musicoterapia con las personas con demencia ha permitido ver que la música influye en su comportamiento y su humor, ya que puede hacer que estén más tranquilas. Asimismo, facilita la reminiscencia, las expresiones emocionales y el movimiento. Al igual que en la estimulación cognitiva, es muy importante que el material que empleamos para realizar la intervención sea significativo. En el caso de la música, si tenemos en cuenta sus gustos y sus experiencias con la música, obtendremos mejores resultados. Según una revisión, (Cochrane), actualmente no tenemos evidencia científica sobre la efectividad de la terapia musical en el tratamiento de los diversos síntomas de la demencia, pero la práctica diaria aporta otras conclusiones, ya que con la música podemos conseguir tranquilidad, emoción, reminiscencia, sociabilidad e, incluso, en fases avanzadas de demencia en las que los pacientes apenas reaccionan ante los estímulos, vemos cómo siguen reaccionando ante la música. Dados estos resultados, deberían diseñarse estudios que aportasen pruebas científicas sobre la efectividad de esta terapia.

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