Envejecimiento activo

envejecimiento activo

La Red de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores, en la cual se encuentra Tacte Social desarrollando el “Pla local Gandia Ciutat Amigable amb la Gent Gran” se enmarcan en el paradigma del envejecimiento activo, con el objetivo principal de adaptar las estructuras y los servicios de la ciudad para que se cubran las necesidades de las personas mayores.

Pero, ¿qué es el envejecimiento? El envejecimiento es una etapa vital caracterizada por varios procesos biológicos, sociales y psicológicos, los cuales son graduales y casi imperceptibles. Esta etapa puede ser entendida desde dos perspectivas. Por un lado, desde los aspectos biológicos del individuo en particular, y por otro lado, desde el criterio social, en el caso de las sociedades occidentales digamos que envejecemos cuando llega el momento de jubilarse.

¿Y el envejecimiento activo? La OMS define este concepto como “el proceso de optimización de oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen”. Encontramos varios factores que promueven un envejecimiento activo:

–              Salud y servicios sociales.

–              Factores del comportamiento.

–              Factores personales.

–              El entorno físico.

–              El entorno social.

–              Factores económicos.

Conviene resaltar que el envejecimiento no es un proceso homogéneo, todas y todos podemos vivir esta etapa de maneras diversas según nuestro estilo de vida y nuestra identidad, por esta razón también hay dos factores que actúan de manera transversal: la cultura y el género.

Aun así cuando las personas envejecen, las enfermedades empiezan a suponer una de las principales causas de morbilidad y mortalidad, y además las capacidades y habilidades funcionales disminuyen a medida que avanza este proceso. Actualmente, la pandemia sanitaria causada por la COVID-19 ha supuesto un cambio radical en la manera de vivir y ha manifestado vulnerabilidades en el día a día de las personas mayores, como el miedo, la ansiedad, la soledad o el aislamiento. La disminución o la falta de las relaciones sociales ha sido tan grave que ha afectado a la salud emocional y psicológica de este sector de la población.

Ante estas necesidades y problemas sociales hay que promover un entorno físico y social “amigable” con la edad, desde las decisiones individuales hasta las políticas públicas.

Alba López Radigales

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