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Iniciamos el mes de abril hablando del Trastorno del Espectro Autista (TEA) y lo finalizamos con un artículo acerca del mismo tema, esta vez centrándolo en cómo se benefician los/las usuarios/as con dicho trastorno de la intervención logopédica.

Los signos del TEA pueden comenzar a manifestarse desde los primeros meses de vida hasta los 2 años aproximadamente, y acompaña a la persona para toda la vida, ya que al tratarse de un trastorno y no de una enfermedad, éste no tiene cura, pero gracias al trabajo de ciertas terapias en coordinación se puede reducir o mejorar la sintomatología y con ello, mejorar su calidad de vida.

Siguiendo la definición dada en el inicio de este artículo y según el DSM-V (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) las personas con TEA presentan deficiencias en la reciprocidad socioemocional, en conductas comunicativas no verbales y en el desarrollo, mantenimiento y comprensión de las relaciones sociales. Además, muestran movimientos, utilización de objetos o habla repetitivos, excesiva inflexibilidad o monotonía en las rutinas, intereses muy restringidos o fijos anormales por su intensidad, y mucha o poca sensibilidad ante estímulos sensoriales.

Las dificultades o imposibilidad de estas personas para expresar lo que sienten o quieren, y/o entender lo que ocurre en su alrededor o lo que se les dice, influyen en su desarrollo y en la mayoría de los casos les genera frustración, enfados y un mal comportamiento y/o conducta que puede llegar a ser muy grave.

Por ello, l@s logopedas son un pilar fundamental para las personas con TEA, ya que son los encargad@s de ayudar y enseñar a est@s niñ@s aquello que no han podido aprender o desarrollar de forma natural, bien sea en ciertos aspectos del lenguaje y comunicación o en su globalidad.  

Teniendo en cuenta que existen varios grados de TEA y que cada individuo es diferente y por tanto, presentan características distintas dentro de lo amplio que es dicho trastorno, os dejamos algunos de los beneficios que aporta la intervención logopédica en estas personas:

  • Posibilidad de comunicarse, ya sea mediante un sistema alternativo o aumentativo de comunicación o mediante el lenguaje oral.
  • Mejora de la comprensión de las situaciones respecto a la persona y a lo que ocurre en su alrededor.
  • Mejora de la expresión y elaboración de frases correctamente.
  • Ayudar a aprender a usar el lenguaje de manera funcional, es decir, usar las palabras y hablar del tema que quiera según el contexto, responder a lo que se le ha preguntado, etc.
  • Aprender a usar las formulas sociales de cortesía y aumentar su uso.
  • Aprender a iniciar y/o mantener conversaciones ajustándose a las normas básicas de la comunicación, así como a aumentar su autonomía en este sentido.
  • Ayudar a gestionar la información.
  • Mejora de la flexibilidad cognitiva y expresión emocional.
  • Aprendizaje de la autorregulación. Capacidad de autocontrol.
  • Aprendizaje de la percepción y comunicación de deseos y necesidades.
  • Fomentar sus habilidades sociales.
  • Promover la empatía hacia los demás.

A pesar de estos, existen muchos más beneficios de acuerdo a cada caso en particular y el/la  logopeda debe adaptar los objetivos de la terapia a cada individuo según sus características, intereses, motivaciones y necesidades.

Así pues, desde el departamento de terapias de Tacte, les aconsejamos que, en caso de observar signos de alarma de dicho trastorno o de no estar seguros de ello, acudan cuanto antes a un profesional para recibir una correcta valoración y diagnóstico, y así poder abordarlo desde edad temprana, ya que de esta manera existen beneficios más positivos y la posibilidad de desarrollar un correcta comunicación oral.

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